martes, 18 de noviembre de 2014

Música.

A veces me pregunto qué sería de nosotros sin la música...
Y no exagero al decir que la vida carecería de sentido alguno.
Pues, convive con nosotros prácticamente las 24/7.
Así que sólo podría decir, música, gracias por existir.
Y, concretando un poco, digamos que hay muchos tipos de música, sí...
Y luego, luego está tu voz.
Tus letras siguiendo un ritmo, tú voz directa al corazón.
No me cantes...que ya me encantas.
Es más, opino, que tu voz...sin más, ya es música.

Al cielo.

¿Y si nos olvidamos de bajar estrellas o bajar el cielo?
Podríamos procurar subir al cielo, a las estrellas.
Pero, ¿para qué bajarlo?
Ahí arriba están demasiado bien y lucen realmente bonito.
Como luce tu sonrisa encima de la mía. No sé.
Cierto es, que estar contigo es similar a tocar una nube, o...puestos a definir, como flotar sobre ella.
Aunque, eso no es más que una expresión... Realmente no conozco lo que se siente al rozar las nubes con la yema de los dedos y volar.
Pero sé lo que se siente cuando sonríes a quemarropa contra el filo de mi boca y me dejas sin respiración con un simple susurro.
Tan simple y tan complejo...como mirarte a los ojos y encontrar respuestas a preguntas nunca antes planteadas.
Entonces yo, te propongo que subamos al cielo.
Ya sabes, en vez de matarnos por bajarlo y nunca conseguirlo.
Está en su sitio, pero tú y yo podemos volar.


Eres mi religión.

He de confesar...que yo no creía seriamente en nada hasta que le vi.
A él...
Irradiando energía e invadiendo de su esencia corazones.
Rompiendo esquemas, descontrolando el tiempo, haciendo resurgir la primavera en pleno otoño y dejando en su ausencia al mismísimo invierno. (que frío sin ti...)
Se cargaba cualquier rutina con su tímida sonrisa, y decía todo cuanto callaba con su simple y compleja mirada.
Desde entonces, desde que me sonrió en los labios, empecé a creer, firmemente, que sus ojos son motivos suficientes.

Ojos color sol.

Ahora que ha oscurecido y no hay luz natural que pueda confundirme, voy a intentar definir tu color de ojos.
Pensarás que es tan sencillo como decir que son marrones color miel y quizá tengan un toque verdoso.
Yo diría, que son color sol. Pues transmiten la grandeza de mil rayos, y no queman; pero vaya si calientan...
E iluminan como la mismísima luna llena.
Son buena energía, paz y tranquilidad.
Si bien, mirarte a los ojos es como refugiarme en el paraíso más complejo.
Pues en tu mirada, lo difícil sería no perderse.
Aunque, resulta tan curioso que me pierda para encontrarme...pues en tus ojos, veo un reflejo más real que en el mismísimo espejo.
Y yo... Necesito encontrarme para quedarme sin ninguna explicación.
Porque la única explicación necesaria, está en tus ojos, en tu profunda mirada.
¿Quién caería en la trampa de mirarte a los ojos?
Yo, yo caería. Es más, caí, caigo y volveré a caer adrede cada vez que tenga la oportunidad tan cerca...que pueda besarte las veces que quiera antes de que anochezca y tenga que marcharme.
Ya sabes, marcharme para seguir echándote de menos, a solas con el frío en mi cuarto, un café y un par de folios. Todo con sabor a ti. Pues hace mucho tiempo que no dejaba que alguien empapara todo con su olor. Y ya ves...llegaste tú.


Quédate a dormir, no hay calefacción.

Podría decir que tengo mucho frío... Y seguiría quedándome corta.
Siento el frío en los huesos. Y peor aún, en el corazón.
Y no hay calefacción que valga para remediarlo...pues sin tu calor, me congelo.
A decir verdad, quiero que vengas...y que te quedes, por supuesto. Y pienso, que esto del frío es buena excusa para darte la bienvenida a mi cama.
Pues últimamente, el frío la invade...y no me deja sitio para soñar.
Y no puedo permitir que una cama vacía de mí y llena de frío me quite los sueños. Y no digo el sueño, porque eso ya me lo quitas tú...desde hace tiempo.
Te invito a que te quedes, a que hagas de este sitio una habitación decente, llena de calor y sueños. Si bien, juntos podemos soñar despiertos. Qué más da.
A mi con tal de verte dormir y despertar...

Hace frío si no estás.

Hoy es de esos días en los que pagaría por tener tu sonrisa a centímetros.
O por quedarme dormida mientras me acaricias la espalda...
Tengo sed de ti, de tus besos.
Dime qué puedo hacer para aguantarme.
Qué puedo hacer, joder...si tengo el corazón congelado y ni tres cafés ardiendo me dan el calor que necesito.
Tal vez esté perdiendo el tiempo buscando respuestas lejos de mi solución, de ti.
Supongo que ni quince cafés ni cuarenta y tres mantas te harían justicia.

Ya es invierno sin tu piel.

Quizás mis letras se estén volviendo locas porque no hacen más que hablar de ti.
Hoy escribe alguien que no puede hablar, solo sentir.
Me arde la piel sin tus caricias...y en mi invierno interior no deja de nevar.
Quizá sólo tú sepas domar las llamas, y necesite tu calor como necesita de su voz un cantautor.
Y te llamo para que vengas, para que vuelvas a comerme a besos.
Y...la lluvia no cesa si te vas, pues el frío invade mi cama y me cuesta despertar.
Tal vez porque sólo quiero despertar a tu lado, oír tus latidos en mi corazón y que hablen nuestras pieles.
Pues son diferentes, pero se entienden a la perfección. Es curioso.
Si pudiera, tomaría tu piel de cuaderno, y la llenaría de poesía. Para después leerla en braile con cada caricia. Sin prisa.